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viernes, 6 de enero de 2012

¡Cristo es la gran estrella!


06-01-2012 Radio Vaticana

Viernes, 6 ene (RV). Benedicto XVI recuerda que ¡Cristo es la explosión del Amor de Dios, cuyo corazón inquieto de Padre nos busca y espera, a pesar de nuestro orgullo necio! En la Epifanía –fiesta de la luz– la Iglesia acompaña con la liturgia «la peregrinación de la humanidad hacia Jesucristo, hacia ese Dios que nació en un pesebre, que murió en la cruz y que, resucitado, está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo» (cf. Mt 28,20), reiteró el Papa en su homilía de la Santa Misa de esta solemnidad, en la que confirió a dos sacerdotes la ordenación episcopal, consagrándolos pastores del pueblo de Dios. Los nuevos obispos son Mons. Charles John Brown, Nuncio apostólico en Irlanda y a Mons. Marek Solczyński, Nuncio apostólico en Georgia y Armenia.

En la Basílica de San Pedro, vibraron también esta mañana las palabras del Papa, recordando que los Magos siguieron la estrella. A través del lenguaje de la creación encontraron al Dios de la historia. Ciertamente, el lenguaje de la creación no es suficiente por sí mismo. Solo la palabra de Dios, que encontramos en la sagrada Escritura, les podía mostrar definitivamente el camino. «Creación y Escritura, razón y fe han de ir juntas para conducirnos al Dios vivo. Se ha discutido mucho sobre qué clase de estrella fue la que guió a los Magos. Se piensa en una conjunción de planetas, en una Super nova, es decir, una de esas estrellas muy débiles al principio pero que debido a una explosión interna produce durante un tiempo un inmenso resplandor; en un cometa, y así sucesivamente. Que los científicos sigan discutiéndolo», dijo Benedicto XVI, culminando su homilía y enfatizando que Cristo es la verdadera estrella:

«La gran estrella, la verdadera Super nova que nos guía es el mismo Cristo. Él es, por decirlo así, la explosión del amor de Dios, que hace brillar en el mundo el enorme resplandor de su corazón. Y podemos añadir: los Magos de Oriente, de los que habla el evangelio de hoy, así como generalmente los santos, se han convertido ellos mismos poco a poco en constelaciones de Dios, que nos muestran el camino. En todas estas personas, el contacto con la palabra de Dios ha provocado, por decirlo así, una explosión de luz, a través de la cual el resplandor de Dios ilumina nuestro mundo y nos muestra el camino. Los santos son estrellas de Dios, que dejamos que nos guíen hacia aquel que anhela nuestro ser. Queridos amigos, cuando habéis dado vuestro «sí» al sacerdocio y al ministerio episcopal, habéis seguido la estrella Jesucristo. Y ciertamente han brillado también para vosotros estrellas menores, que os han ayudado a no perder el camino. En las letanías de los santos invocamos a todas estas estrellas de Dios, para que brillen siempre para vosotros y os muestren el camino. Al ser ordenados obispos estáis llamados a ser vosotros mismos estrellas de Dios para los hombres, a guiarlos en el camino hacia la verdadera luz, hacia Cristo. Recemos por tanto en este momento a todos los santos para que siempre podáis cumplir vuestra misión mostrando a los hombres la luz de Dios. Amén».